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3 de mayo. La noche de las emociones.

Escrito el 07/05/2019
Santa Vera Cruz Alhaurín el Grande


Como una estrella fugaz que se pierde en el firmamento tras brillar intensamente. Como el atardecer de cada uno de los días más felices de nuestras vidas. Como una importante celebración, señalada en nuestros calendarios durante meses, que tarda en llegar, pero que va tocando a su fin. Como acabar un ciclo de la vida, sabiendo que al amanecer del día siguiente comienza otro. Como la llegada a casa tras un viaje inolvidable. Esa bendita sensación en la que confluyen sentimientos encontrados de alegría, mucha alegría, plenitud, melancolía y un poco de tristeza, es la que reina en nosotros, los hermanos de la Vera Cruz, los hermanos de arriba, los hermanos en el Señor del Convento, cada noche del 3 de mayo. La noche de las emociones. 

Difícil describir tanta felicidad vivida. Difícil, tras un día esplendoroso, en el que pudimos disfrutar de una inédita diana a cargo de las bandas de la Cofradía junto con nuestro Hermano Mayor Honorario, la Brigada Paracaidista recorriendo las calles alhaurinas para anunciar la llegada del 3 de mayo. El Día de la Cruz. Difícil fue no dejarse llevar por los sentimientos en una Solemne Función Religiosa, auténtica, sencilla y directa al corazón de todos los cofrades que la disfrutaron y vivieron.  

Difícil resultó mantenerse impasible ante el torbellino de felicidad que fue ver un año más el desfile de bandas en las "Cuatro Esquinas". Cuánta felicidad vivimos con la participación de todas las bandas del 3 de mayo, con Vera+Cruz Campillos que es parte de lo que somos, una parte de ellos es patrimonio de los hermanos de arriba, con la Banda de la Paz de Málaga con un sonido perfecto, como perfecto era el Día de la Cruz que estábamos viviendo, con la Brigada Paracaidista y su toque elegante y marcial y cómo no, con las dos bandas de la Cofradía, que a la ida del desfile, fueron una sola, para despertar un vendaval de alegría desde que salieron de Plaza Baja hasta que regresaron, ya por separado, haciendo las delicias del numerosísimo público que un año más, abarrotaba el centro de nuestra localidad.



Tras el almuerzo cofrade, que disfrutamos en el Hotel El Mirador y donde pudimos pasar unas agradables horas de cofradía, compartiendo ya las imágenes y los recuerdos que nos iba dejando este Día de la Cruz, llegaba el tiempo de preparación, el que cada familia afronta de una manera diferente para disponerse a acompañar al Señor en su camino glorioso de regreso hasta su Ermita. 

La tarde del 3 de mayo es eso, un cúmulo de sensaciones indescriptibles, donde juegan a quererse los sentimientos más profundos de cada uno de nosotros. Domina la felicidad, por supuesto, pero en un corazón henchido por todo lo que se vive con la llegada de cada mes de mayo, también hay cabida para la melancolía. Nos acordamos de nuestros seres queridos mientras llegamos a la Parroquia para ver al Señor del Convento, dispuesto para marchar. Nos acordarnos de los que ya no están y lo que hubieran disfrutado ellos viendo este nuevo Día de la Cruz. También tenemos ese pellizco inevitable de saber que esto se acaba. El vértigo y un poco de tristeza, de sentirnos devorados por unos días frenéticos donde el tiempo corre muchísimo más de lo que quisiéramos. La ilusión también se hace notar. La ilusión por ver al Cristo de la Vera Cruz en una nueva lluvia infinita de primavera. No hay una noche igual. No hay una explosión de colores tan sublime. Pero cuando se vive tan intensamente todo, el sentimiento más presente siempre es el de "orgullo". Orgullo de pertenencia, orgullo de identidad. La noche del 3 de mayo es la noche de sentirse identificado con lo que somos. Somos Vera+Cruz. Somos hermanos de arriba y esto que venimos celebrando es nuestra forma cristiana de celebrar que Cristo vive en nosotros. Resucitó y nos hace resucitar, cada año, en los primeros días del mes de la primavera. Y ese sentimiento nos colma siempre.



La tarde que cae; las bandas llegando a la Parroquia; la cruz guía en Plaza Baja; el romero que  ya alfombra; los portadores que se asoman para contemplar la salida del cortejo procesional; el nazareno, descalzo, que le abre el camino a su Cristo; el gentío que se acomoda en sus sillas y en los huecos más inesperados para ver pasar la procesión; los balcones que se abren esperando la llegada del Señor del Convento; las familias preparando las cajas de rosas que lloverán desde el cielo; los niños desfilando, secuelas de felicidad del desfile del 3 de mayo; la mantilla que solo tenía pensado acompañarlo un día y al final acaba "vistiéndose" las dos noches porque Él así lo dispone; los jóvenes, las madres y padres de familia, los mayores; nosotros, tan necesitados de noches felices como la de cada 3 de mayo, hacemos válido el enser más preciado del patrimonio de nuestra cinco veces centenaria corporación, el patrimonio humano, unidos bajo la Cruz de flores, abrimos, contemplamos y cerramos ese cortejo triunfal de regreso que tantas emociones despierta.

Y así, un año más, emprendimos el camino de regreso a casa de forma puntual. A las 20.30 horas, salía de la puerta del Perdón de nuestra Parroquia, la Cruz Guía. De flores en tonos blancos, como el exorno floral que presentaba el trono del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Y tras ella, un reguero de fe resucitada, que pisando el verde romero, subía y subía con la sonrisa de saberse dichoso y afortunado. Estandartes, nazarenos, enseres, las bandas, los cirios del Día de la Cruz, "iluminando" el camino de nuestro Santo Lignum Crucis y tras con el Guión de la Cofradía y las mantillas, abandonaba la Parroquia el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, portado por casi 150 hombres de trono y acompañado, como no podía ser de otra manera, por "La Pepa". 


En un perfecto tejido de marchas procesionales, el Señor caminaba, sin prisas, pero demasiado rápido para lo que a los hermanos de arriba nos gustaría, por las calles alhaurinas entre un inmenso temporal de pétalos de rosas de todos los colores. En el suelo se mezclaban un año más, el romero recogido en la mañana del 1 de mayo con los cientos de miles de pétalos de rosas que cada familia, de cada casa, de cada balcón, arrojó al paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Lágrimas de emoción, semblantes de admiración, ojos que se cerraban orando cuando Él estaba cerca... Un sin fín de estampas inenarrables que se viven cada Día de la Cruz y que se elevan a la máxima potencia de nuestra fe en la noche del 3 de mayo.

Cuatro Esquinas esplendorosa, brillante y magna. Calle Piedras, cercana, recogida, íntima. Hay espacio para todo, siempre desde la humilde elegancia que aprendimos de nuestros antecesores. El Señor nos enredaba en cada minuto de la noche de las emociones, como queriendo detener el tiempo, pero es el Día de la Cruz, y el tiempo siempre vuela. 



Y así, en la inmensidad de una primavera que volvió a florecer a su paso, el Señor del Convento llegaba a su calle, donde aún nos quedaban por vivir varios momentos inolvidables. Tras los honores de la Brigada Paracaidista interpretando "La Muerte no es el Final" y el castillo de fuegos artificiales que anunciaba el inminente final del Día de la Cruz, la Vera Cruz de Campillos y La Pepa, se unieron siendo una sola banda para interpretar, mientras el Señor subía despacio la calle, "Al Señor del Convento". Una banda interminable con decenas de corazones verdes, ojos rasos de lágrimas, un regalo que el Señor nos hacía para que no nos olvidemos las maravillas que nos hacen felices cada Día de la Cruz y que tienen su máxima expresión, en la noche del 3 de mayo, la del regreso triunfal, la de los hermanos de arriba. "La noche de las emociones."

Galería de fotos de la noche del 3 de mayo.

Galería de fotos de la Solemne Función Religiosa del Día de la Cruz

Galería de fotos del desfile de bandas y la diana del 3 de mayo.

Galería de fotos del Día de la Cruz